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Mahoma

Tres cosas hay destructivas en la vida: la ira, la codicia y la excesiva estima de uno mismo

Mahoma

La sabiduría se encuentra presente en todas las culturas, también en la islámica – a diferencia de lo que se suele creer por aquí. Es algo atemporal y acultural, pues proviene del mismo principio universal.

Tres cosas. Todos las conocemos, son muy sencillas de entender. Posiblemente todos las habremos sentido ni que fuera por un segundo. Pasa que a unos les gustan y a otros no.

La ira no se refiere sólo a la explosión de rabia, sino a cualquier manifestación de odio o desagrado, por pequeña que sea. Cuando nos quejamos de alguien, lo hacemos porque sentimos algo de desagrado hacia esa persona. Cuanto más desagrado e ira sintamos, menos felicidad podremos recibir: nosotros mismos bloqueamos el libre fluir de la alegría. Realmente no existen motivos para quejarse de los demás, pues nuestro bienestar depende íntegramente y única de nosotros mismos. Pero nuestra cultura parece que nos tiene mal acostumbrados, y el quejarse es algo tan normal como el respirar. Ser plenamente consciente y dejar de quejarse completamente lleva un tiempo, pero se consigue.

La codicia se aplica a muchas áreas de la vida. El más vasto ejemplo es en el dinero. La codicia siempre conlleva grandes pérdidas de dinero, todo por querer más cuando ya se tiene suficiente. Es muy importante saber cuándo se tiene suficiente de una cosa. Pero la codicia también existe en el plano mental. Ansiar conocimientos no es diferente de ansiar dinero y cosas materiales. Una cosa es desear desde la humildad y, otra muy distinta, codiciar desde la avaricia.

La excesiva estima de uno mismo, o lo que es lo mismo, ser un “chulo-piscinas”, también disminuye el ser. Normalmente, cuando se muestra tanta autoestima, es porque verdaderamente no se tiene. Si ya la tienes, ¿de qué te sirve vanagloriarte de ella? Tú ya sabes quién eres y no necesitas aparentar delante de los demás, porque sabes que a ellos les da igual. No te gusta molestar a los demás con tonterías.

Lectores, cada uno elige si prefiere una vida constructiva o bien destructiva. Algunos parece ser que no se dan cuenta de que eligen, o quizás no quieren decirlo. Espero al menos que los que me leéis viváis una vida constructiva.

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¡Arre, arre!

No hay nadie que no lleve las riendas de su vida, pasa que algunos conducen dormidos, otros medio despiertos y otros totalmente despiertos.

[Siempre se suele usar la comparación entre la vida y el montar a caballo y hoy voy a usarla también.] En el reino de las Dualidades, se suele separar la gente en dos tipos: los que creen que su vida viene impuesta y determinada desde fuera y, por ende, ellos sólo son las víctimas y el resultado de la sociedad, gobiernos, leyes, comunidades y demás. Son los dormidos.; y los que creen que la vida es algo que uno lleva dentro de sí mismo y por lo tanto puede hacer con ella lo que le plazca. Son los despiertos.

Tanto en un caso como en el otro, todos llevan la vida que quieren. Los primeros creen que lo externo les controla, y entonces eso es lo que ellos viven e interpretan y se convierte en su realidad. Y no se dan cuenta de que ellos mismos han tomado esta decisión (así que en el fondo, verdaderamente llevan su existencia dentro de ellos mismos y han hecho con su vida lo que han querido, pero sin ser conscientes de ello). Y los que son conscientes de la capacidad de elección (dejamos el libre albedrío para otro día) también llevan la vida que quieren, sólo que éstos si son conscientes de esto. El conocimiento y el sentimiento que esto brinda les llena de felicidad, satisfacción, libertad y realización. Hacen las cosas que de verdad quieren y son conscientes de ello, son más felices y por esto ayudan más a los que lo necesitan y se encuentran en armonía con el mundo.

Los despiertos son los que caminan sonrientes por la calle, los que ayudan espontáneamente y agradecen siempre y desde el corazón. También han encontrado la paz interior. Los dormidos suelen reír en momentos puntuales, pero no cuando están solos; creen que ayudar al otro significa sacrificar lo propio; pocas veces agradecen, y menos de verdad. No creen en la paz de espíritu.

Pero, ¿que pasa con los medio despiertos? Bueno, lectores, de la Nada salió el Uno, del Uno salió el Dos y del Dos salió el Tres. El tercer grupo entienden ligeramente que ellos son los que eligen y lo aplican parcialmente. Están empezando a despertarse, pero aún no tienen claro si levantarse y empezar el día o, por otro lado, si se vuelven a acostar para seguir durmiendo.

Nadie es mejor ni peor que nadie: en el fondo todos somos iguales. No importa en qué grupo estéis, puesto que lo fundamental es que os funcione a vosotros mismos. Eso sí, siempre es más divertido e interesante viajar despierto para poder maravillarse ante los paisajes del camino y notar cómo la brisa acaricia el cuerpo.

La vida y los años

“Más vale llenar los años de vida que la vida de años”

Frase de aventureros

Ésta frase (no exactamente así) encontré ayer mientras miraba algunas páginas sobre aventureros y viajeros. Y es que una de mis pasiones es el viajar, ver mundo, vivir aventuras y divertirme. La vida es muchísimo más que un trabajo en el que siempre haces lo mismo y estás atado al mismo lugar. ¿De qué sirve pasarte muchos años haciendo siempre lo mismo, sólo para conseguir bienes materiales? Los objetos se van y se pierden, lo que queda eres tú como individuo y todo lo que hayas hecho en tu vida.

Pasa que a mí no me gustan las ataduras y las obligaciones que impiden libertad – llamadme espíritu libre si queréis. Prefiero la vida de los antiguos viajeros de los mares, en los veleros, descubriendo nuevos lugares y disfrutando de todo lo que la Tierra ofrece. Descubrir nuevos rincones, otras culturas y maneras de pensar, crecer algo más como humano. No es que sólo puedas crecer viajando, pero a mi me atrae más. Tampoco me atrae la idea de trabajar durante todo el año como un burro y luego tener un mes o dos de “vacaciones”. La vida está para lo que está y es lo que es. Pero, puestos a hacer algo con ella, prefiero realizar mis sueños, disfrutarla, ir creciendo siempre como persona y ayudar a todo el que pueda. Libertad de horarios, de lugar y también, económica (porque hoy en día se necesita de algo de dinero para hacer casi cualquier cosa (a no ser que quieras ser un vagabundo y viajar así)).

Para mí, tener un trabajo normal y corriente es sinónimo de esclavitud. Y no es que el gobierno o los grandes empresarios nos esclavicen. Nada más lejos de la realidad. Somos nosotros mismos, aceptando esas normas y trabajos los que nos encadenamos. Los que no se quieren esclavizar, no lo hacen. Los que sí quieren, lo hacen. Es así de simple. Lo bonito es que cada uno podemos hacer (y hacemos) con nuestra vida lo que queramos; como llevo diciendo, los límites los ponemos nosotros mismos.

La aventura nos está cantando, ¿no oyes su melodía?