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Viajar por el mundo

Hoy me gustaría compartir con todos vosotros una página web de dos jóvenes catalanes que rompieron con su estilo de vida “sedentario” para llevar una vida nómada por todo el mundo. La página se llama Mundo Nómada y la verdad que está muy bien. No sólo explican sus aventuras, sino que también dan consejos, informan sobre el dinero que les cuestan los viajes, responden a los comentarios y explican su manera de ver el mundo. Y encima te llenan de ganas de coger la maleta e irte a ver mundo.

No hace mucho escribí algo sobre el viajar. La verdad es que me encanta descubrir mundo, ver nuevas caras y maneras de pensar, aprender de otras culturas, tomarme mi tiempo para explorar nuevos lugares, en fin, no estar siempre en el mismo sitio y haciendo la misma rutina. Yo, simplemente, no quiero pasarme la vida trabajando y en el mismo lugar. Y gracias doy a que ahora que aún soy joven lo tengo así de claro, porque si me hubiera dado cuenta de esto cuando ya tuviera más de 40 años, seguro que no sería tan agradable ni fácil de cambiar de estilo de vida.

Al fin y al cabo, pienso yo, que nuestra naturaleza radica en la espontaneidad, en no estar atados a sitios ni trabajos. (Aunque puede que no haya una naturaleza universal para los humanos, porque cada uno es diferente; pero si no tuviéramos algo en común, no formaríamos todos parte de la misma especie). No tenemos más que mirar a los animales. Nunca hacen lo mismo y, aunque se mantengan en la misma zona, siempre están de un lado a otro diferente. O nuestros antepasados nómadas. O incluso nuestros antepasados que ya eran sedentarios eran mucho más exploradores que nosotros actualmente. Pasa que cada vez es más fácil caer en el sedentarismo y las ataduras materiales: cada dos por tres sacan nuevos cachivaches electrónicos, nuevos modelos de coches y motos, nuevos tipos de préstamo para negocios y casas… Toda esta cultura de bienes materiales no hacen más que irte atando más y más, es como una red que se va cerrando.

Tampoco es que haya que renunciar por completo a esto, porque hay utensilios que son muy útiles, sólo que ningún extremo es bueno. Y me parece a mí, que cuanto más te hipotecas y más dependes de las cosas materiales, en algún momento te asfixiarás. Además, ¿que haces si ocurre un terremoto como en Japón o como en Lorca? Lo pierdes todo. Tanto trabajar y pagar, para perderlo todo en cuestión de minutos. ¿De qué ha servido tanto acumular objetos en tu casa, si ahora está todo destruido? Luego no queda más que dolor, impotencia y vacío. Si tu única preocupación ha sido tener una casa hipotecada, un coche hipotecado y pagar la nevera nueva a plazos, ¿qué haces si lo pierdes todo, o si te lo roban?

Pues, o empiezas otra vez desde cero y repites el mismo patrón, o cambias de planteamiento y modificas tu estilo de vida por otro que no te ate a las cosas, sino que te permita fluir en el mundo con total tranquilidad y libertad. Encuentro que éste tema es muy interesante y da pie a mucha reflexión.

El viajar en tren

Hallábame yo esta mañana cargado con mi guitarra y mis libros en el tren de cercanías de Barcelona, camino a la preciada escuela de música donde estudio. Decir cabe que ésto no tiene nada de especial, pues ya estoy acostumbrado a tal trayecto, mas hoy siento la necesidad de relatar el viaje.

Empezó todo igual que siempre, poca gente, algunos despiertos y otros, como yo, medio o enteramente dormidos. Al no saber qué hacer, a falta del iPod que estaba en casa, me puse a jugar con el móvil, cosa rara en mí. Una vez cansado de perder el tiempo con tal entretenimiento, decidí levantar la vista y, ¡Qué sorpresa! Absorto en mi mundo no me di cuenta de que el vagón se encontraba especialmente abarrotado, y de una concurrencia bien variopinta. Unas colegialas a mi izquierda casi gritando sobre películas de miedo; profesores y demás personajes con mirada perdida y demente en frente; y, a mi derecha, ancianos, más seres de mirada triste y deprimente y estudiantes universitarias con las que no me importaría tratar algún que otro asunto en privado.

En medio, pues, de tal muchedumbre iba yo mirando, como si tal cosa, el hermoso retrato de la variedad humana cual niño que ve llover por primera vez. Poco sabía yo que, a medida que el día avanzaba y el cielo se tapaba, una sorpresa para mis sentidos se preparaba. Tal fue la acumulación de individuos en ese desdichado vagón que, inevitablemente, mis oídos y mi nariz empezaron a entrar en estado de alerta. La mezcla de voces y llantos de bebés alcanzó niveles nada despreciables y, para colmo, un hedor se filtraba por mis fosas nasales, sin duda fruto de la poca higiene que se cuidan en mantener algunas personas.

Llegados a éste extremo, no pude sino desear romper el cristal de la ventana y saltar del vehículo cual caballo libre de atadura, mas el sentido común me detuvo ante tal locura. Tuve, pues, que esperar a que el tren se vaciara ya dentro de Barcelona para recuperar un estado menos oprimente y finalmente, ya en la estación de Sants pude salir a la calle y respirar aire fresco, que no limpio. Las caras tristes y amargadas de los viandantes se me presentaban como alegres y risueñas, pues yo sí estaba contento de salir del tumulto encerrado en el transporte de masas.

Así es, queridos lectores, un viaje tempranero en un tren de cercanías.