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El ser profesor

Empezamos nuestra categoría de crítica social con un vistazo a un trabajo que se remonta muy allá en los tiempos de la Antigua Grecia. Obviamente, antes ya había maestros, pero no se pusieron a cobrar hasta que salío algún listillo (sofistas) y dijo que, o aflojas la pasta, o ya aprenderás los secretos de la dialéctica de tu tía abuela.

A mi parecer, los mejores profesores fueron aquellos antiguos que sólo querían ayudar al desarrollo de sus alumnos,    enseñando todo lo que ellos sabían. Hoy día, pocos quedan como aquéllos…llamadlos héroes si queréis. En lugar de eso, nos encontramos todo de rufianes, despreocupados, vagos y demás ineptos que se hacen llamar profesores. Ésta serie de personajes de buen corazón, sólo se preocupan de recitar lo que ya está en el libro y de gastarse el dinero de su sueldo en sus extrañas aficiones.

Seguro que no soy el único que entra en un estado de sueño profundo en esos largos recitales, y que prefiere no ir a clase y estudiar directamente del libro, que además es más fiable. Con lo bien que se está en la terraza tomando el sol y hablando con tus compañeros de clase…hay tiempo para todo, también para estudiar.

Dicho esto, no puedo quejarme de mis profesores, ya que éstos son de la categoría de héroes legendarios, como mínimo. La verdad es que los he tenido de todos los colores, pero parece que ahora son todos competentes y divertidos. Aún recuerdo a uno que tuve el año pasado…muy chulillo él, con sus gafas de sol y fumando antes de clase… ¡no veas que majo era! O la profesora de mates de primaria…aquélla si que ella una foca vacabu***…

También es interesante apreciar que la mayoría de palabrería que enseñan son cosas básicas y elementales, de las que hasta una piedra se daba cuenta. ¡Oh, lejos ha los tiempos en que se buscaba la sabiduría! ¡Lejanos los días en que se veneraba el desarrollo personal! ¡Aquéllos auténticos sabios escasean!

Hasta aquí este ensayo sobre uno de los trabajos que cada vez se tiene menos en cuenta en la sociedad. ¡Un saludo, lectores!

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