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¿La felicidad también puede ser mala?

Tal como lo leéis, un nuevo estudio científico, muy de moda últimamente, nos dice que el tener como meta en la vida la felicidad nos acarrea tristeza. Podéis leer el artículo entero en MuyInteresante. Añade además, que demasiada felicidad nos hace ser irresponsables, temerarios y demás.

Bueno, a ver, tampoco es que hayan descubierto nada nuevo. Creo que frases como “la felicidad no es el objetivo, es el camino” son milenarias, pero en fin. El estudio sigue teniendo razón aún así. Y es verdad que si nos ponemos como objetivo la felicidad y la alegría, normalmente acabaremos decepcionados y peor que cuando empezamos. Porque un objetivo puesto desde la infelicidad y tristeza, no puede traer más que decepción y desilusión.

En el estudio comentan, como he dicho arriba, que demasiada felicidad nos hace ser menos creativos y más temerarios. Todos los extremos son malos (aunque puede que esta actitud en sí misma también sea extremista…), y si nos pasamos de felicidad, pues explotaremos. (La mujer de la imagen parece que esté a punto de explotar…)

Como alguien dijo en la Antigua Grecia, la virtud se encuentra en el término medio, los extremos se deben evitar. Pero, ¿cómo vamos a recordar lo que Fulanito dijo hace milenios si ni tan siquiera recordamos lo que cenamos ayer? Oh, pero los hombres sí que recuerdan con cuántas mujeres se han acostado… misterios de la mente humana.

En cualquier caso, lo que me gustaría destacar de todo esto no es criticar a los científicos que creen que están descubriendo cosas que en realidad se saben desde hace milenios, ni tampoco degradar la memoria caprichosa de los humanos; no. Lo que quiero destacar es que, como se lleva diciendo, la felicidad es un estilo de vida. Y, como dice una letra de Metallica (sacada de algún texto budista creo) “My lifestyle, determines my deathstyle”.

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El ser distraído resultará ser mejor

Acabo de leer este artículo en Muy Interesante y me ha hecho entender algunas cosas, entre otras porque Einstein era tan despistado. Las personas distraídas tienen más materia gris, como demuestra el estudio. Cuanta más materia gris, más inteligencia y más te comportas como un niño, porque los niños tienen mucha materia gris en el cerebro. Y cuanta más materia gris, más facilidad para aprender y, si encima aprendes que si aprendes como un niño el cerebro crece, pues ya es la hostia.

Con todo esto, lo que me gustaría comentar es que si sabemos recuperar la actitud curiosa y alegre de nuestra infancia, mejoraremos en muchos aspectos y volveremos a tener una felicidad que puede hayamos perdido. Porque no se es más espontáneo y feliz que cuando se es niño y poder volver a este estado sin duda es maravilloso.