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¡Arre, arre!

No hay nadie que no lleve las riendas de su vida, pasa que algunos conducen dormidos, otros medio despiertos y otros totalmente despiertos.

[Siempre se suele usar la comparación entre la vida y el montar a caballo y hoy voy a usarla también.] En el reino de las Dualidades, se suele separar la gente en dos tipos: los que creen que su vida viene impuesta y determinada desde fuera y, por ende, ellos sólo son las víctimas y el resultado de la sociedad, gobiernos, leyes, comunidades y demás. Son los dormidos.; y los que creen que la vida es algo que uno lleva dentro de sí mismo y por lo tanto puede hacer con ella lo que le plazca. Son los despiertos.

Tanto en un caso como en el otro, todos llevan la vida que quieren. Los primeros creen que lo externo les controla, y entonces eso es lo que ellos viven e interpretan y se convierte en su realidad. Y no se dan cuenta de que ellos mismos han tomado esta decisión (así que en el fondo, verdaderamente llevan su existencia dentro de ellos mismos y han hecho con su vida lo que han querido, pero sin ser conscientes de ello). Y los que son conscientes de la capacidad de elección (dejamos el libre albedrío para otro día) también llevan la vida que quieren, sólo que éstos si son conscientes de esto. El conocimiento y el sentimiento que esto brinda les llena de felicidad, satisfacción, libertad y realización. Hacen las cosas que de verdad quieren y son conscientes de ello, son más felices y por esto ayudan más a los que lo necesitan y se encuentran en armonía con el mundo.

Los despiertos son los que caminan sonrientes por la calle, los que ayudan espontáneamente y agradecen siempre y desde el corazón. También han encontrado la paz interior. Los dormidos suelen reír en momentos puntuales, pero no cuando están solos; creen que ayudar al otro significa sacrificar lo propio; pocas veces agradecen, y menos de verdad. No creen en la paz de espíritu.

Pero, ¿que pasa con los medio despiertos? Bueno, lectores, de la Nada salió el Uno, del Uno salió el Dos y del Dos salió el Tres. El tercer grupo entienden ligeramente que ellos son los que eligen y lo aplican parcialmente. Están empezando a despertarse, pero aún no tienen claro si levantarse y empezar el día o, por otro lado, si se vuelven a acostar para seguir durmiendo.

Nadie es mejor ni peor que nadie: en el fondo todos somos iguales. No importa en qué grupo estéis, puesto que lo fundamental es que os funcione a vosotros mismos. Eso sí, siempre es más divertido e interesante viajar despierto para poder maravillarse ante los paisajes del camino y notar cómo la brisa acaricia el cuerpo.

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Reflexión#7

Y no puede ser más cierto, lo que nos pasa en el presente es consecuencia de nuestros actos y decisiones por completo,

y es bueno tomar conciencia y responsabilidad de ello: sólo así podremos liberarnos.

Pol Cox

Ésta frase la he dejado de comentario después de leer éste artículo en Crea Tu Realidad. Y no puede ser más cierto. Todo lo que somos y vivimos en el presente es un cúmulo de todas nuestras acciones y decisiones del pasado. Porque las situaciones que vivimos moldean nuestra conducta, proceder y nuestro punto de vista.

He aquí otro motivo por el que todos los humanos somos lo mismo en esencia: todos tenemos ese “algo” en nuestro interior que es el que se adapta a todo y el que nos hace cambiar según las circunstancias. La manifestación de lo que somos siempre va cambiando, y más aún si tenemos opiniones, porque opinión es sinónimo de situación. Pero ese “algo” que siempre nos hace cambiar, nunca cambia, es siempre igual. Como dicen los taoístas, lo que origina los cambios es inmutable. 

Pero volviendo al tema de hoy, lo que nos interesa es tomar conciencia de que realmente llevamos las riendas de nuestra vida. No hay nadie que no lleve las riendas de su vida, pasa que algunos conducen dormidos, otros medio dormidos y otros totalmente despiertos. Y es nuestra elección (seguramente) el querer despertarnos o el quedarnos dormidos. Da igual lo que escojamos, pero creo yo que es más divertido conducir despierto y observando con infantil asombro el camino, el paisaje y los demás viajeros.

Como he dicho al principio, nuestras vivencias nos moldean; pero si nos damos cuenta de esto, luego podemos moldearnos nosotros mismos como nos plazca. Y esto también es asumir la responsabilidad de nuestra vida. Y luego las cosas externas dejan de causarnos dolor, y las aceptamos como algo agradable, curioso o, a lo menos, extraño. Entonces es cuando empezamos a amar la vida y a los demás, y dejamos de estar en conflicto con nosotros mismos y, en consecuencia, con los demás.

Y ésta, lectores, es una manera de liberarse.