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El no aguantarse el uno al otro

En España, en el tema de las relaciones amorosas, hay una creencia popular bastante extendida. Dice que cuando más parecidas son dos personas, menos se aguantan el uno al otro y que su relación no se aguanta por ningún lado. Que no hay futuro, vamos. Se dice sobretodo cuando las personas en cuestión son, digamos, perfeccionistas y detallistas o también si son gente de hablar alto y “emocionarse” mucho por cualquier cosa.

Veamos, como la mayoría de dichos populares, es tan cierto como falso. Si cada miembro de la pareja no se aguanta a sí mismo, está claro que menos aguantará al otro; pero si las personas son verdaderamente maduras, no habrá problema. Es más, como tendrán muchas más cosas en común seguro que conectan mejor. Aunque suele pasar que las personas demasiado quejicas y demasiado “eufóricas” no se aguantan a sí mismas.

Dicho esto, si una persona no se aguanta a sí misma, poco disfrutará de una relación, da igual si son quejicas o no.

Esto me lleva a explorar otro aspecto en este tema tan extenso de las relaciones. Mucha de la gente que no se aguanta así misma ni es feliz en su interior, tiende a buscar parejas que son totalmente diferentes de ellas. Todos conocemos a la típica buena chica estudiosa y seria que se enamora de un rebelde, o al típico chico callado y tímido que se enamora de una chica liberal, abierta y que es simpática con todos.

Están buscando afuera lo que les falta dentro. De una relación basada en esto, lo más probable es que fracase. ¿Por qué iba a fracasar? ¿Acaso no es un equilibrio dentro de la pareja, uno tímido y la otra abierta, una centrada y el otro rebelde? ¿Acaso no sirve para que el uno aprenda del otro y los dos se moderen en su actitud? Lo siento, pero no funciona así (normalmente, ya sabemos que hay de todo). Si tú eres tímido y crees que estando con una chica abierta tu también te abrirás y serás como ella, puede que tengas razón, mas no suele funcionar. Porque hay que tener cuidado de qué es lo que quieres tú de la relación.

Si tú quieres estar con esa persona sólo para cambiar, entonces le estás poniendo al otro la responsabilidad de tu cambio. Esperas que esa persona te cambie a ti, en vez de hacerlo tú. En realidad esto es una exigencia sin sentido. Y como la única persona responsable de tu cambio eres tú mismo, esto no se aguanta por ningún lado. No tratarás a la otra persona como se merece, porque estás enfocando la relación desde una exigencia.

Y peor aún si quieres estar con la persona para cambiarla también a ella. Quizás la chica estudiosa quiere estar con el chico rebelde porque así ella se puede desmelenar un poco y también hace que el chico siente la cabeza. Bueno, esto ya es la repera. Por un lado le pides que haga locuras y por el otro le exiges que se comporte como una persona centrada. Esto solo sirve para volver loco al pobre chico rebelde.

No es que esté mal aprender de los demás para querer cambiar tu forma de ser. No es que no puedas estar con la chica simpática y abierta y que no puedas estar con el chico que va en contra de las normas, para aprender de ellos y ser más de ese modo. Lo importante es que estés con esas personas porque te gustan como son y no quieres cambiarlas, y porque quieres aprender de su actitud sabiendo que el único responsable de tu cambio eres sólo tú.

Si pones tus esperanzas de cambio en otra persona, fracasarás, porque el cambio se produce desde el interior. En vez de eso, simplemente disfruta de estar con el otro. No te preocupes de cambiarte ni de cambiarle, y los cambios se producirán solos: porque en una relación saludable donde el uno simplemente quiere estar con el otro por como es y viceversa, los dos van cambiando espontáneamente para parecerse más a la persona que aman.

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Atraco a la antigua

¡Menuda noticia he encontrado en la página de NoPuedoCreer! Una familia atraca una gasolinera. Todos juntos, como buenos parientes, sí señor. La hija más pequeña, de 8 años también. Y, por si esto fuera poco, lo hacen como en la época de los samuráis, ¡blandiendo espadas! 

¡Y el botín no fue nada más ni nada menos que chocolate y cigarrillos! Desde luego, un atraco bien misterioso… ¿Formará parte de un plan mayor para conquistar el mundo? ¿O es que acaso quieren crear el chocotabaco y comercializarlo? Lo que hay que ver…

Eso sí, El pobre trabajador tiene una buena historia que contar ahora, porque esto sí que no pasa todos los días. Cómo no, el gerente contactó con la policía y al final, después de una persecución como la de cuando Peter Griffin se hace pirata, los atraparon, enjaularon, para luego ponerlos en libertad bajo fianza.

Menuda historia, desde luego. Podéis leer la noticia en NoPuedoCreer.

El ser famoso

Demasiada gente ansía la fama, estar en boca de todos, que la gente se desmaye al verte y que corran a pedirte autógrafos a gritos. Tal vez buscan un reconocimiento que sus cercanos no dieron, o una compañía que no tienen. Tal vez quieren ser muy grandes porque se tienen dentro de sí (puede que sin saberlo) por muy poca cosa. Tal vez porque quieren ser ricos. Tal vez porque creen que así consigan realizarse. Tal vez, tal vez… habrá muchos motivos. Al fin y al cabo el ser famoso es otro trabajo más.

Verdad es que normalmente para conseguir esa categoría se necesita mucho esfuerzo y perseverancia, que no todos los humanos poseen. Luego es más probable que en “esas esferas” te puedas relacionar con gente más parecida a ti, si eres de los perseverantes. Yo creo que este no es mal motivo para querer ser famoso, simplemente porque quieres relacionarte con gente que también es decidida en sus metas y constante y ha trabajado duro.

Pero luego están los motivos más materiales y banales, que no pueden llenar ni a un globo. Querer ser famoso para que la gente te admire, denota que tienes tu autoestima por los suelos… así que por muy famoso que llegues a ser, siempre estarás inseguro de ti mismo (a no ser que realmente soluciones la inseguridad). Si lo que quieres es dinero y dinero y más dinero y acumular bienes materiales, cuántos más tengas, más vacío te irás quedando. Y encima, más miedo tendrás a que te lo roben todo. Estas actitudes son extremistas, cosa que no suele ser muy sana. De bienes materiales, los justos que de verdad se necesitan. Los demás sobran y normalmente no causan más que complicaciones.

No es que ser famoso esté bien o mal. No es que alguien por ser famoso sea mala persona y avariciosa; ni tampoco tiene porque ser una bellísima persona. Hay de todo en todos lados, vayas a dónde vayas. Así somos los humanos, que en todas partes te encuentras todas las actitudes diferentes. Da igual el país o la ciudad, las personas somos personas y, como tales, tenemos esto en común.

Además, la fama tiene sus cosas buenas. Normalmente va asociada a tener mucho dinero: un dinero que puedes utilizar para ayudar a los más necesitados, para construir escuelas, hospitales para huérfanos… También es un buen modo de transmitir un mensaje a más gente: por ejemplo, si quieres que la gente disfrute con tu música o con tu literatura, cuánto más famoso, más gente podrá disfrutar con ella.

Lo importante es saber llevarlo, no corromperse por la fama ni dejarse llevar por los excesos que llaman constantemente a la puerta. Si quieres mantenerte sano y humilde, no hay más que ser consecuente y responsable con tus actos. Da igual el estatus social, pero si eres de “clase alta”, tal vez haya que tener más cuidado. Si tú eres sano y humilde al completo, da igual en dónde te encuentres y a qué dediques tu vida, que tú siempre te mantendrás sencillo. Ésta es una de las ventajas de llegar a comprenderse a uno mismo realmente.

Menudo espectáculo

Cada vez que el B.F. Barcelona gana un partido importante, sus seguidores se ponen eufóricos, contentos, irradian felicidad, se muestran más simpáticos…y también más destructivos, incontrolables y, en algunos casos, estúpidos.

Esta última vez, con la victoria sobre el Madrid en la Champions Leage, se han lucido. Parece que hasta se entrenen para destrozar mejor los bienes públicos y comercios de los alrededores. Como siempre en grandes ocasiones futbolísticas, los más fanáticos se reúnen en Canaletes, Barcelona, para ver el partido en pantalla grande y celebrar todos juntos la victoria, o consolarse en la derrota. Normalmente, el alcohol también se une a la fiesta. Y luego descontrol, estupidez y destrucción llaman a la puerta diciendo que también quieren celebrar. Me pregunto la de dinero que le debe costar al ayuntamiento…

Pero esta vez las destrozas han sido memorables. No sólo se contentaron con destrozar la fuente de Canaletes, sino que también fueron a por hoteles, comercios…en fin, todo lo que tenían por delante. No sé yo quién les habrá enseñado a celebrar a esta gente, pero desde luego muy respetuoso no era que digamos. Queda bien claro qué tipo de personajes son todos estos. Un buen contraste que me viene a la cabeza es el siguiente: las víctimas del tsunami de Japón haciendo cola educadamente para recibir comida y ayuda después de la catástrofe; y en el otro lado, la manera de celebrar las cosas que últimamente se está poniendo de moda aquí en España. Profundo respeto aún cuando todos están muertos de hambre, y absurda falta de respeto hacia todo cuando en teoría se está contento y celebrando algo que hace feliz.

¿Qué pasaría aquí si sufriéramos una catástrofe del tamaño de Japón? ¿Haríamos cola tranquilamente y trataríamos de superar lo ocurrido con calma y serenidad? ¿O, por otro lado, nos empujaríamos y pegaríamos unos a otros para recoger comida y ayuda, nos daríamos prisa a intentar robar algo de valor del vecino aprovechando que su casa también está en ruinas, y nos iríamos lamentado como zombies en vez de intentar resolver la situación? No se porqué, pero me temo que la realidad se acercaría más a la segunda opción.

Queda patente la gran diferencia entre una cultura y otra, una basada en el bien del conjunto y la otra en el bien individual. Es curioso ver de cuántas maneras diferentes se expresan las culturas. Yo creo que el modo de celebración de los jóvenes de hoy día (ojo que yo también soy joven, pero no comparto el gusto por celebrar destruyendo) surge de conflictos personales sin resolver. Necesitan desahogarse de alguna manera. No están contentos con lo que les rodea, con su estilo de vida y, verdaderamente, no están contentos consigo mismos. Sino, ¿que necesidad hay de causar tan lamentable espectáculo? ¿Porque pelearte y romper material urbano (que pagan tus papis) cuando en principio deberías estar contento con el mundo entero?

Estas personas son infelices, y ansían y desesperan alguna oportunidad exterior a su persona para “celebrar” como, por ejemplo, que su equipo de fútbol favorito gane un evento importante. Si de verdad estuvieran felices con su persona, primero, no sentirían ninguna necesidad de destruir cosas para desahogarse (porque no necesitarían desahogarse) y segundo, no les importaría demasiado que un equipo de fútbol ganara algo y puede que lo celebraran en menor medida, porque para ellos cada día sería motivo de celebración y el crecer como persona es más importante que el hecho de que un equipo gane o pierda.

Bin Laden y cómo las noticias vuelan

Por todos lados está volando la noticia de la muerte (realmente es un asesinato) de Bin Laden, eso ya lo sabemos. Que sea verdad o no es otra cosa que no nos incumbe demasiado, ellos ya sabrán lo que dicen y lo que hacen. Hoy escribo sobre esta noticia de actualidad porque he leído en actualidadydeporte éste artículo sobre Twitter y Bin Laden.

Las cifras, bien sorprendentes, dicen mucho de como son un buen puñado de personas. El morbo de noticias sobre terrorismo y exterminio de “enemigos” está bien arraigado en esta gente. Es curioso ver cómo algunos se pueden llegar a alterar tanto por este tipo de noticias. Vale que esto no es lo mismo que la prensa del corazón y que esta novedad sí que tiene importancia, eso por seguro. Pero no deja de reflejar esta actitud. Hay muchos otros hechos de igual o más importancia para la gente, pero que ni siquiera se comentan. Pero claro, a Bin Laden se le ha dado mucha importancia por la tele, y a los otros problemas no.

Básicamente es porque los otros problemas que existen son algo así como latentes y cuesta más darse cuenta de ellos y, una vez se toma conciencia de ellos, es muy fácil ignorarlos. Estos problemas de los que hablo son los que matan mucha más gente que los terroristas, y son actitudes y comportamientos humanos tan sencillos y estúpidos como el conducir demasiado rápido con toda tu familia dentro del coche, o no cuidar tu salud y sufrir una enfermedad que te acaba llevando al otro barrio. Pasa que en estos tiempos venden más el terrorismo y el miedo inminente sobre la gente que no el saber cuidarse y ser responsable.

Pero no pasa nada, no es necesario actuar, porque el mundo está y siempre ha estado en armonía. Cada uno hace lo que quiere y vive como quiere (cosa fantástica).

¿Científicos avanzados?

Los científicos (no todos, seguro) creen que su pensamiento es más avanzado que el de los demás. También, en otro orden, se habla mucho de que alguien tuvo una manera de pensar avanzada a su época. ¿Cómo va a ser un modo de pensar más avanzado o atrasado que otro? ¿Qué es el estar delante y el estar detrás? ¿Por qué unos creen tener más razón que otros? Si no existen el bien y el mal, lo difícil y lo fácil, lo duro y lo blando, lo alto y lo bajo, ¿por qué iba a existir lo avanzado y lo retrasado?

Las tendencias filosóficas no hacen más que oscilar a lo largo de los años, y lo que ahora creemos que es la verdad, resulta que ayer era mentira y mañana será necedad. No hay nada delante de otra cosa, ni nada detrás. Ellos mismos suelen creer en el nihilismo, entonces ¿por qué quieren imponer sus “descubrimientos” a la población? ¿Por qué creen tanto que ellos tienen la razón y los demás están equivocados, cuando, en teoría, dicen que no hay razón alguna en la existencia y que todo da igual?

Su punto de vista no deja de ser otra opinión más. No nos podemos fiar de los resultados que obtienen con sus experimentos, porque ni siquiera sabemos si nos podemos fiar de nuestros propios sentidos. Vale que funcionan y que hay mejoras importantes y que son de mucho agradecer, pero tampoco veo necesario tanto ego. Aunque claro, como siempre digo, hay de todo, y no es cuestión de ser científico, sino que es cuestión de ser persona. Si la persona es creída, pues querrá imponer su verdad a la de los demás, y si no lo es, pues no lo hará.

Y, por mucho que escriba aquí, todos estos planteamientos míos no son más que otra mera opinión más, que no puede ser ni acertada ni errónea, como las demás. Me pregunto si de alguna manera se puede dejar de opinar. Tal vez, la vacuidad sea la respuesta, si es que hay alguna respuesta.

A más inteligencia…

Hará cosa de año y medio que salió en las noticias de la tele (en tve) un reportaje sobre los criminales más bestias y su inteligencia. Un supuesto entendido en psicología y/o el cerebro (o algo así por el estilo) dijo que <A más inteligencia, más capacidad para hacer el mal. Esto es así porque [los inteligentes] se cuestionan qué es el bien y el mal y establecen su propio criterio de ello>.

Muy bien. Y muy mal, porque, a mi parecer, se olvidó (o su inteligencia no llegaba a) decir que a más inteligencia, también más capacidad de hacer…el bien. Cuanta más inteligencia, o mejor capacidad mental, mejor se pueden estimar las maneras más óptimas de llevar a cabo un plan. Y también se cuestiona uno si de veras hay bien y mal. Normalmente se llega a la conclusión de que no.

Pero, ni mucho menos, esto significa que los que tienen alta capacidad mental se pongan a urdir planes maquiavélicos de crímenes contra la humanidad. Repito, ni mucho menos. Esta decisión queda en manos del carácter de cada uno. Si el tipo en cuestión es un perturbado mental, entonces lo más probable es que haga alguna de las suyas. Por otro lado, si es alguien que gusta de ayudar, podrá hacer actos de la calaña de Teresa de Calcuta. (Hay más tipos de actitudes, pero no nos vamos a poner con todas ahora).

Dicho esto, lo que me gustaría dejar claro es que la capacidad mental también se debería relacionar con hacer el bien y ayudar a los demás. Mucha gente no lo hace, ni siquiera los que en principio son entendidos, como el hombre que salió en la tele. Normalmente se relaciona con la maldad y el egoísmo. De aquí salen todas las expresiones como “el ser un puta”, “ser más listo que el hambre”, etc. Pero ninguna (o muy pocas) de ser listo y bueno. Y yo, repito, los buenos también son inteligentes – y los inteligentes también son buenos.

El fingir ser quien no somos


Dentro de nosotros sabemos que nos incomoda, que no deberíamos, que no somos así. Entonces, ¿Por qué? ¿Por aceptación social? ¿Para caer bien? ¿Para obtener un beneficio? En el fondo no sacamos gran provecho y somos conscientes de ello.

La mala costumbre de adoptar una personalidad que no es la propia forma parte de muchas personas, para bien o para mal. Y ésta creación de la inseguridad, llevada al extremo, acaba en una especie de destrucción de la propia personalidad, un punto sin duda doloroso. Porque darse cuenta de no saber quién eres por culpa de tanto fingir va acompañado de un gran resentimiento y sentido de culpa.

El fingir no deja de ser una forma de mentir, y fingimos por falta de confianza en uno mismo. Pensamos que no gustaremos al otro, que no seremos aceptados en un grupo por ser diferentes o que nos despreciaran y humillarán por ser de la manera que somos. Y luego adoptamos conductas que nos hacen sentir incómodos y que oprimen nuestros verdaderos gustos e intereses. Aquí es donde nacen las personalidades estándares, prefabricadas y superficiales.

¿Para qué perder el tiempo y lo que nos hace únicos? ¿De veras vale la pena perderte a ti mismo para formar parte de un grupo al que no perteneces? No. Búscate unas personas de acorde a ti, que es donde estarás verdaderamente cómodo y donde podrás desarrollar todo tu potencial. Los vínculos que formas con gente que son como tú son mucho más fuertes que los que formas usando tu personalidad fingida. Porque fingiendo estás viviendo una vida que no es la tuya. Dices tener unos intereses que en realidad no te interesan. Y todo es mentira y superficial. Yo creo que eso te deja vacío (en el mal sentido) e incompleto.

No hay que tener miedo al rechazo. Porque, ¿qué es el rechazo? Que unos pobres (necios) que no son como tú te desprecien no quiere decir que ellos estén en posesión de la verdad. Más bien al contrario. No eres tú el que te denigras atacando al otro con intención de destrozarle, tú sigues entero y limpio.

Las personas verdaderamente seguras de sí mismas y completas – espirituales o iluminados para algunos – no sienten ninguna necesidad de criticar ni despreciar, porque no hay nada que criticar o despreciar. Ninguna personalidad es mejor que la otra y da igual como seamos… los planetas seguirán moviéndose igual. Eso sí, hay personalidades más abiertas y que saben entender mejor a las demás.

Mi conclusión es, queridos lectores, que no os destrocéis y no perdáis vuestro valioso tiempo intentando gustar a quien no sabe (o puede) entender como sois, ya que sólo os traerá dolor y malestar con vosotros mismos (los otros que digan lo que quieran, los que tienen el problema son ellos, si acaso). En vez de eso, mejor aprovechar la vida estando con gente similar, con gente en la que unos a otros se ayudan a crecer, porque tienen los mismos intereses y objetivos. Puestos a convivir con más seres humanos, mejor nos juntamos con personas que nos entienden y aceptan por lo que somos, ¿no?

El conducir despistado

Es costumbre entre algunos individuos españoles trabajadores y que conducen el ir con prisas a todas partes. No sólo por motivos del trabajo, sino también para ir de playa o montaña los fines de semana. Esto no solamente se traduce en ver cómo los coches circulan como si del fin del mundo se tratara sino que, además, al tener tantas tareas por realizar, aprovechan mientras conducen para hacerlas. Y, si se da el caso de que ya han terminado con ellas, pues aprovechan para descansar, hablar por teléfono, distraerse con el paisaje, mirar en el mapa si siguen el rumbo correcto… todo mientras deberían estar prestando un poco de atención al coche de enfrente que está frenando de golpe, al niño que cruza para recoger su balón, al semáforo que se ha puesto en rojo…

Yo tampoco me he salvado de toparme con algún despistado (o temerario). Hace pocos días, estaba yo entrando con mi coche en una rotonda… y casi no salgo de ella con vida: un camión se precipitó hacia mi trayectoria como alma que lleva el diablo, a una velocidad ni mucho menos permitida en poblado. Suerte tuve de no ir distraído y pude frenar a escasa distancia de chocar con el loco. La Guardia Civil estaba cerca y presenció el incidente. Para mi grata sorpresa, ahora han instalado un badén en la entrada de la rotonda (por la que venía el alocado), para evitar que alguien llegue a chocar. ¡Diez puntos para la Guardia Civil!

Dos o tres días después de esta pequeña aventura, un tipo circulando en una furgoneta iba consultando un mapa, se le fue el volante y por poco no se sube a la acera y vuelca y se lleva por delante a un coche (esta vez yo iba andando por la acera opuesta). Un par de años atrás, una despistada se metió en dirección contraria en mi carril…dijo que quería aparcar. Otra distraída se me comió un retrovisor en un puente subterráneo…y podría seguir con más historias.

¡Oh, si tan sólo prestáramos atención a la carretera! ¡ Cuántas vidas se hubieran salvado! Pero parece que hay gente que nunca asume responsabilidad ni seriedad, aunque esté en juego su vida y la de otros pobres ciudadanos. Para mi, lectores, no es cuestión de no enseñar bien o de aprender mal a circular: es cuestión de personajes y sus personalidades, que sencillamente reducen su atención a un número limitado de asuntos y a lo demás no prestan el menor interés, por mucho que sea algo tan poco seguro como el conducir y en el que cada vez que cogen su vehículo, se pueden matar (y llevarse a otros por delante) si no lo hacen apropiadamente y con sensatez. ¡Sólo con prestar atención nos ahorraríamos muchos problemas!

El ser pillado jugando ilegalmente

Me encontraba hoy yo esperando en la peluquería ojeando el periódico, cuando ésta noticia me llamó la atención. Nada más ni nada menos que 38 humildes jugadores ilegales de Texas Hold’em fueron embaucados por los Mossos d’esquadra. Y 6.000€ es una multa considerable, sobretodo ahora en éstos tiempos de recesión. En buen lío se han metido.

La duda que ronda por mi cabeza es la que todos tendréis: ¿Por qué los agentes de la ley y el (des)orden no se unieron a la partida? Un dinerico extra no está nada mal y, cuántos más jugadores, mayor bote. ¿En qué estaban pensando al detenerlos? Además, seguro que más de un caballero tenía el puro a medio empezar…

Toda esa pobre gente de payes no estaba haciendo daño a nadie, sólo estaban disfrutando con el dinero que tanto esfuerzo les ha costado ganar y, ahora lo perderán todo y encima tendrán que lidiar con la multa. Inconveniente también, para el propietario del centro de ocio (algunos lo llaman Bar) que, al permitir tal espectáculo en su humilde negocio sufrirá junto con los participantes el peso de la ley española (en éste caso, catalana).

Mi reflexión sobre el asunto es simple. La próxima vez, que se reúnan menos jugadores y que disfruten de sus partidas en sus propias casas. Ahí están más a salvo que no en una propiedad pública como es un bar, dónde la policía tiene entrada libre. Otra opción, menos amena por supuesto, es que dejaran de realizar juegos ilegales. Pero, lectores, todos sabemos que mientras haya una ley, habrán personajes que vayan en contra de ella.