Archivo de la categoría: Desarrollo personal

Sana tu vida con Luise Hay

Hace unas semanas que me topé en TaoIntegral con el documental de Louise Hay y me gustaría compartirlo aquí.

Es un documental que aporta perspectivas muy interesantes sobre nuestro ser y nuestra salud, tanto emocional como física. También aparecen muchos testimonios de personas cuyas vidas cambiaron tras aplicar los conceptos que se comentan en el vídeo; unos conceptos que cualquier persona que mira por su propio desarrollo aprende y aplica. El documental está basado en su libro “Tu puedes sanar tu vida” y en él participa gente conocida como Gregg Braden o Wayne Dyer entre otros.

Aquí os dejo la fuente y, sin más dilación, el vídeo:

Viviendo con bestias

Hoy me he encontrado con un vídeo sorprendente en TaoIntegral. Me he quedado totalmente alucinado. Pero, mejor que lo comprobéis con vuestros propios ojos. Mucha gente catalogaría esto de imposible pero, cuando se es un ser integral, todo es posible. Aquí el vídeo:

Grande es la hazaña de este hombre. Se ha hecho uno con la naturaleza y hasta los leones son sus amigos. Ha retornado a la inocencia infantil y las fieras no le hacen daño. Sencillamente increíble, por eso he sentido la necesidad de compartirlo con vosotros.

Sin duda, puede enseñarnos una gran lección.

[Aquí la fuente: TaoIntegral]

El código del samurái

Ayer, conversando con un amigo, me habló sobre los samuráis y su código, un código que me gustaría compartir con vosotros. El texto es el siguiente:

No tengo parientes, yo hago que la tierra y el cielo lo sean.

No tengo hogar, yo hago que ellos también lo sean.

No tengo poder divino, yo hago de la honestidad mi poder divino.

No tengo medios, yo hago mis medios de la docilidad.

No tengo poder mágico, yo hago de mi personalidad mi poder mágico.

No tengo cuerpo, yo hago del estoicismo mi cuerpo.

No tengo ojos, yo hago del relámpago mis ojos.

No tengo oídos, yo hago de mi sensibilidad mis oídos.

No tengo extremidades, yo hago de la rapidez mis extremidades.

No tengo leyes, yo hago de mi auto-defensa mis leyes.

No tengo estrategia, yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia.

No tengo ideas, yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas.

No tengo milagros, yo hago de las leyes correctas mis milagros.

No tengo principios, yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.

No tengo tácticas, yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas.

No tengo talento, yo hago que mi astucia sea mi talento.

No tengo amigos, yo hago de mi mente mi amiga.

No tengo enemigos, yo hago del descuido mi enemigo.

No tengo armadura, yo hago de la benevolencia mi armadura.

No tengo castillo, yo hago de mi mente inamovible mi castillo.

No tengo espada, yo hago de mi no mente mi espada.

Lo encontré muy interesante y, de buen principio, me di cuenta de las similitudes con la filosofía taoísta, budista y demás (todas las filosofías espirituales del mundo). Encuentro muy agradable ver cómo todas vienen a decir lo mismo.

Hoy también he leído un cuento de samuráis en TaoIntegral que me ha gustado. El cuento nos recuerda que, antes de empezar a aprender cualquier disciplina, primero hemos de aprender a desarrollar nuestro interior plenamente. Sólo de ésta manera podremos realmente desatar todo nuestro potencial y conseguir cosas que se catalogan de heroicas. ¿Cómo pretender la maestría en cualquier ámbito, si no somos maestros de nosotros mismos? ¿Cómo querer controlar una espada (o una guitarra, o la literatura, o lo que sea) si no podemos controlar nuestros pensamientos? ¿Cómo pretender ser buenos en algo si no podemos deshacernos del pasado y el futuro y no podemos vivir el presente?

Es esencial, pues, el dominio del propio ser si se quiere progresar en cualquier ámbito de la vida.

La escasez y la abundancia

Hoy quisiera escribir sobre la escasez y la abundancia, dos conceptos que parece ser nos acompañan desde hace ya milenios. Cada vez estoy más convencido de que la escasez no es sino un pensamiento limitador y que no existe realmente. Creo que en muchas épocas pasadas ya se hablaba de que había escasez y no había suficiente para todos, pero fíjate tú, que todavía hay para todos.

Cuando un recurso se acaba, siempre encontramos otros que lo sustituyen. Hay suficiente para todos. Incluso si nos ponemos científicos, nos daremos cuenta de que también es así. La ciencia dice que toda masa es energía, y que toda energía es masa. Y también dice que la energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. Toda masa es energía. Los alimentos son energía. Los materiales de construcción son energía. Las fuentes de energía de consumo son energía (valga la redundancia). ¿Alguien ve ya el porqué la escasez no puede existir? La energía no se destruye. Los alimentos no desaparecen, los materiales tampoco. Las cosas no se “acaban” para siempre, porque en esencia son energía: pasa que se convierten en otra cosa. Y como humanos que somos, siempre nos hemos sabido adaptar a los recursos disponibles en cada momento, y pienso que así seguirá siendo mientras seamos humanos.

Los pensamientos de escasez no son más que una de las tantas manifestaciones del miedo: en este caso, del miedo a quedarse en la intemperie y sin nada que llevarse a la boca. O bien del miedo a que otros se queden sin nada porque tú tienes. Para terminar, lectores, me gustaría dejaros con una pequeña reflexión que me vino un día a la cabeza:

“La escasez no existe. No puede existir. Aunque todo el mundo crea que hay escasez; eso en sí mismo es abundancia: porque si todo el mundo lo cree, entonces es que hay mucho de ello.”

(en este caso, hay mucha escasez)

 

¿Por qué la gente suele descuidar su salud?

Como aún no había escrito nada en la categoría de Salud, he pensado que ya era hora de estrenarla. Y no voy a empezar proponiendo actividades físicas ni ejercicios, sino que antes quiero reflexionar sobre el tema de la salud. Antes de ponerse a hacer ejercicio a diestro y siniestro, creo que es mejor ser conscientes de el porqué lo hacemos y, sobretodo, del porqué mucha gente no lo hace.

Es conocimiento popular que el deporte es una práctica sana y que mejora la actividad metabólica del cuerpo y hace que alcance un mayor bienestar. Mientras se es pequeño y también joven, hacer deporte es (debería ser) algo natural y espontáneo, una cosa que casi ni se plantea, pues el cuerpo lo pide y la cabeza no suele detener el impulso. Pero a medida que la gente va acumulando años, vemos como cada vez menos individuos siguen haciendo deporte de manera regular. En vez de eso, al menos por mis tierras, muchos empiezan a ganar “la barriga de la felicidad” (a cualquier cosa llaman felicidad), especialmente los varones. Y la excusa es siempre la misma: <<no es que no quiera, es que no tengo tiempo>>. Y si luego les preguntas que porqué se pasan tantas horas en el sofá mirando la tele -pero sin ver nada-, te responden: <<Bueno, es que me merezco desconectar de vez en cuando>>. Sólo que ese de vez en cuando es siempre, pero en fin.

Todos sabemos que la causa (in)directa de este gran sedentarismo es el exceso de horas de trabajo. La verdad, el que ideó este sistema horario debió ser un explotador. Y hoy día se sigue igual; de hecho, no creo que se haya cambiado nunca. Lo bueno es que en la actualidad tenemos más facilidad para hacer ejercicio, y más variado. Pero la culpa no es del que ideó el sistema en cuestión, sino de todos los que lo siguen. Perdón, de hecho, no hay culpables (ya entraremos en esto otro día). En fin, tantas horas de trabajo hace que la gente acabe agotada y sin ganas de nada. Si a esto le añades que poca gente disfruta realmente con su trabajo, pues menos ganas tendrán de hacer deporte y preferirán estar ante la tele e intentar desconectar de la vida que llevan.

Pero la verdadera causa de el descuido del cuerpo no es el exceso de trabajo, no. La gente descuida su cuerpo porque descuida su mente (y su espíritu). El empleo no es más que un mero agravante que se añade a la ecuación. Esto es algo que siempre se ha sabido, pero que muchos olvidan. Para estar verdaderamente sanos, tenemos que ser conscientes de todas nuestros planos de existencia, eso es: cuerpo, mente y espíritu. (Si no creéis en el espíritu, pues lo quitáis de aquí). Cultivando el alma, alimentando la mente con buenos pensamientos y utilizando el cuerpo para lo que verdaderamente ha sido creado, llegaremos (regresaremos) a una salud total.

Así pues, lectores, esto es lo que quiero resaltar hoy: nuestra vida es una unión de estos 3 elementos, e ignorando cualquiera de ellos perdemos vitalidad. Es como quitar una pata a una silla: caerá. Lo mismo pasa con nosotros. Siendo conscientes de la totalidad que nos conforma podemos disfrutar de la armonía de su unidad y realmente vivir una vida plena y con una salud verdadera.

Ahora que sabemos esto, ya podemos empezar a hacer ejercicio de manera sana.

El no aguantarse el uno al otro

En España, en el tema de las relaciones amorosas, hay una creencia popular bastante extendida. Dice que cuando más parecidas son dos personas, menos se aguantan el uno al otro y que su relación no se aguanta por ningún lado. Que no hay futuro, vamos. Se dice sobretodo cuando las personas en cuestión son, digamos, perfeccionistas y detallistas o también si son gente de hablar alto y “emocionarse” mucho por cualquier cosa.

Veamos, como la mayoría de dichos populares, es tan cierto como falso. Si cada miembro de la pareja no se aguanta a sí mismo, está claro que menos aguantará al otro; pero si las personas son verdaderamente maduras, no habrá problema. Es más, como tendrán muchas más cosas en común seguro que conectan mejor. Aunque suele pasar que las personas demasiado quejicas y demasiado “eufóricas” no se aguantan a sí mismas.

Dicho esto, si una persona no se aguanta a sí misma, poco disfrutará de una relación, da igual si son quejicas o no.

Esto me lleva a explorar otro aspecto en este tema tan extenso de las relaciones. Mucha de la gente que no se aguanta así misma ni es feliz en su interior, tiende a buscar parejas que son totalmente diferentes de ellas. Todos conocemos a la típica buena chica estudiosa y seria que se enamora de un rebelde, o al típico chico callado y tímido que se enamora de una chica liberal, abierta y que es simpática con todos.

Están buscando afuera lo que les falta dentro. De una relación basada en esto, lo más probable es que fracase. ¿Por qué iba a fracasar? ¿Acaso no es un equilibrio dentro de la pareja, uno tímido y la otra abierta, una centrada y el otro rebelde? ¿Acaso no sirve para que el uno aprenda del otro y los dos se moderen en su actitud? Lo siento, pero no funciona así (normalmente, ya sabemos que hay de todo). Si tú eres tímido y crees que estando con una chica abierta tu también te abrirás y serás como ella, puede que tengas razón, mas no suele funcionar. Porque hay que tener cuidado de qué es lo que quieres tú de la relación.

Si tú quieres estar con esa persona sólo para cambiar, entonces le estás poniendo al otro la responsabilidad de tu cambio. Esperas que esa persona te cambie a ti, en vez de hacerlo tú. En realidad esto es una exigencia sin sentido. Y como la única persona responsable de tu cambio eres tú mismo, esto no se aguanta por ningún lado. No tratarás a la otra persona como se merece, porque estás enfocando la relación desde una exigencia.

Y peor aún si quieres estar con la persona para cambiarla también a ella. Quizás la chica estudiosa quiere estar con el chico rebelde porque así ella se puede desmelenar un poco y también hace que el chico siente la cabeza. Bueno, esto ya es la repera. Por un lado le pides que haga locuras y por el otro le exiges que se comporte como una persona centrada. Esto solo sirve para volver loco al pobre chico rebelde.

No es que esté mal aprender de los demás para querer cambiar tu forma de ser. No es que no puedas estar con la chica simpática y abierta y que no puedas estar con el chico que va en contra de las normas, para aprender de ellos y ser más de ese modo. Lo importante es que estés con esas personas porque te gustan como son y no quieres cambiarlas, y porque quieres aprender de su actitud sabiendo que el único responsable de tu cambio eres sólo tú.

Si pones tus esperanzas de cambio en otra persona, fracasarás, porque el cambio se produce desde el interior. En vez de eso, simplemente disfruta de estar con el otro. No te preocupes de cambiarte ni de cambiarle, y los cambios se producirán solos: porque en una relación saludable donde el uno simplemente quiere estar con el otro por como es y viceversa, los dos van cambiando espontáneamente para parecerse más a la persona que aman.

¡Arre, arre!

No hay nadie que no lleve las riendas de su vida, pasa que algunos conducen dormidos, otros medio despiertos y otros totalmente despiertos.

[Siempre se suele usar la comparación entre la vida y el montar a caballo y hoy voy a usarla también.] En el reino de las Dualidades, se suele separar la gente en dos tipos: los que creen que su vida viene impuesta y determinada desde fuera y, por ende, ellos sólo son las víctimas y el resultado de la sociedad, gobiernos, leyes, comunidades y demás. Son los dormidos.; y los que creen que la vida es algo que uno lleva dentro de sí mismo y por lo tanto puede hacer con ella lo que le plazca. Son los despiertos.

Tanto en un caso como en el otro, todos llevan la vida que quieren. Los primeros creen que lo externo les controla, y entonces eso es lo que ellos viven e interpretan y se convierte en su realidad. Y no se dan cuenta de que ellos mismos han tomado esta decisión (así que en el fondo, verdaderamente llevan su existencia dentro de ellos mismos y han hecho con su vida lo que han querido, pero sin ser conscientes de ello). Y los que son conscientes de la capacidad de elección (dejamos el libre albedrío para otro día) también llevan la vida que quieren, sólo que éstos si son conscientes de esto. El conocimiento y el sentimiento que esto brinda les llena de felicidad, satisfacción, libertad y realización. Hacen las cosas que de verdad quieren y son conscientes de ello, son más felices y por esto ayudan más a los que lo necesitan y se encuentran en armonía con el mundo.

Los despiertos son los que caminan sonrientes por la calle, los que ayudan espontáneamente y agradecen siempre y desde el corazón. También han encontrado la paz interior. Los dormidos suelen reír en momentos puntuales, pero no cuando están solos; creen que ayudar al otro significa sacrificar lo propio; pocas veces agradecen, y menos de verdad. No creen en la paz de espíritu.

Pero, ¿que pasa con los medio despiertos? Bueno, lectores, de la Nada salió el Uno, del Uno salió el Dos y del Dos salió el Tres. El tercer grupo entienden ligeramente que ellos son los que eligen y lo aplican parcialmente. Están empezando a despertarse, pero aún no tienen claro si levantarse y empezar el día o, por otro lado, si se vuelven a acostar para seguir durmiendo.

Nadie es mejor ni peor que nadie: en el fondo todos somos iguales. No importa en qué grupo estéis, puesto que lo fundamental es que os funcione a vosotros mismos. Eso sí, siempre es más divertido e interesante viajar despierto para poder maravillarse ante los paisajes del camino y notar cómo la brisa acaricia el cuerpo.

Los estados de conciencia

Ningún problema tiene su solución en el mismo estado de conciencia que lo creó

Albert Einstein

La mente es posiblemente la parte más poderosa de nuestro cuerpo, y esto es así no sólo porque domine todos nuestros procesos biológicos, sino porque es la que crea nuestra realidad. Cuando hablamos de cerebro en el aspecto de pensar, usamos la palabra conciencia. El que se encarga de todo lo otro es el inconsciente. (De hecho la conciencia está mezclada con el inconsciente, es todo uno en el fondo). Y al hablar de conciencia, hablamos también de diferentes estados de ella. Puede entenderse además como inteligencia.

Es un concepto bastante abstracto y que puede sonar raro y estúpido, pero es bien fácil de entender. Cuando tú ves una situación de tu vida como un problema y lo catalogas como algo muy difícil que se escapa de tu alcance, entonces estás pensando de un modo determinado – en este caso, algo pesimista. No ves ninguna solución o escape a ello, sólo ves que tienes que lidiar con ello y aguantarlo, no ves que puedes cambiar la situación. Ésta manera de pensar es un estado de conciencia, un estado que ve un problema, que lo crea. Veamos esto con un pequeño ejemplo:

Imaginemos que Fulanito tiene un jefe que siempre le está explotando y no aprecia su trabajo. Fulanito está cansado de la situación, pero no puede dejar el trabajo porque necesita el dinero y, encima ahora con la crisis no cree que pueda encontrar ningún otro trabajo. Tampoco cree que su jefe pueda cambiar la manera en como lo trata. No cree que nada de lo que pueda hacer ayude a cambiar o mejorar la situación. Sólo ve un problema.

Imaginemos que Fulanito, después de un tiempo de ir aguantando, le explica su angustia a un compañero suyo. Resulta que éste compañero tiene buena relación con el jefe y suelen almorzar juntos. El compañero le dice que él hablará con el jefe y le hará ver que Fulanito verdaderamente es un buen trabajador y que, además, tienen algunos hobbies en común. Después de pocos días, el jefe (que antes parecía un monstruo) ahora es más amable e incluso empieza a felicitarle por su trabajo. Al cabo de algún mes, su compañero le dice que el jefe le ha pedido que almuerce con ellos. Como en realidad tienen cosas en común acaban haciéndose amigos.

Al estado de conciencia de Fulanito que vio el problema no se le ocurrió que su compañero era amigo del jefe y que podía ayudarle. Estaba demasiado ofuscado en su propia desgracia como para ver alternativas. Precisamente porque catalogó la situación como un problema no podía catalogarla como algo que tiene fácil arreglo. Pero su amigo le trajo la solución y entonces Fulanito cambió de manera de pensar, vio la situación desde otra perspectiva; en definitiva, su estado de conciencia cambió a otro, al que se da cuenta de la solución (o soluciones, puesto que si se hubiera puesto a buscar otro trabajo seriamente, lo hubiera conseguido).

Ésta es una explicación sencilla de los estados de conciencia, pero sirve para entenderlo. Todo en la vida lo vemos desde un estado de conciencia determinado. Según cual sea éste, seremos más o menos felices, tendremos más o menos éxito, aprenderemos más o menos; en fin, viviremos de manera diferente. Yo creo que la iluminación también es un estado mental.

La importancia aquí radica en saber elegir el estado de conciencia en el que queremos vivir. Todos vivimos en un estado, mucha gente sin saberlo, simplemente se deja llevar por él, sin saber que en realidad puede elegir. (Aquí entraríamos en debates sobre el libre albedrío y todo eso, pero mejor lo dejamos para otro día). Pero al saber que podemos elegir, sólo por esto ya hemos cambiado el estado de conciencia. Ahora sabemos que somos capaces de ver las cosas desde otro punto de vista, desde el que nos apetezca más.

Nada se consigue de golpe, lectores, así que el cambiar el punto de vista por completo lleva su tiempo y requiere constancia, introspección y ser conscientes de cómo nuestros pensamientos se desarrollan y de cómo reaccionamos ante los hechos externos. Pero si de verdad queremos, lo conseguimos, porque así somos los humanos.

[Este artículo decidí escribirlo después de leer la cita de Einstein en TaoIntegral]

Proverbio japonés

“No digas: es imposible. Di: no lo he hecho todavía.”

Proverbio japonés

En las culturas orientales hay mucha sabiduría que se ha ido transmitiendo desde hace milenios, pero parece que poca llega hasta nuestras tierras españolas. Yo soy de los que gustan de aprender de todos los lugares y quedarme con lo bueno de ello. Por ejemplo, hay aspectos de nuestra cultura que se podrían mejorar, y una solución sería aprender de lo que hacen en otras culturas. No hay que coger toda la cultura- eso es de necios – tan sólo lo que nos pueda funcionar a nosotros. No es que la tradición japonesa sea mejor que la nuestra; simplemente hay cosas suyas que nos harían funcionar mejor entre nosotros, y viceversa.

Pero vamos a tratar el proverbio en sí. Éste me recuerda mucho a otra frase que dice “Lo imposible sólo tarda un poco más“. Es así de simple. Me gustaría añadir otra frase de la misma temática: “No digas que es imposible, di que tienes miedo a hacerlo“. Porque lo único que nos impide hacer lo que creemos que es imposible es el miedo. Un miedo absurdo, si me permiten. Falta de confianza en uno mismo, temor a lo que digan los demás y nos traten de locos o burros, miedo a perder a alguien o a dejar nuestro lugar de toda la vida, el no tener (aún) los conocimientos necesarios y miedo a estudiar, temor a fracasar… y más causas hay, como el no tener tiempo para eso, pereza… Lo importante es darse cuenta de que nuestros miedos son infundados, no tienen ninguna base real, son sólo excusas.

Y cada uno, si se toma el tiempo para mirar dentro de sí mismo, se dará cuenta de que es así, de que está atemorizado a probarlo. Y es aquí donde hay que aceptar el miedo como una parte de nosotros. No hay que encerrarlo y esconderlo, porque así siempre estará dentro de nosotros y será como una espina clavada. Si queremos deshacernos de él, tenemos que aceptarlo. Y, como lo más probable es que no nos guste, lo que hay que hacer después es sacarlo de nosotros y transformarlo en valor. Porque, ¿qué te va a pasar si decides tomar las riendas de tu vida y caminar hacia lo “imposible”? Como mucho, que tardes algo más de tiempo en conseguirlo, y ya está. Lo peor que podría pasar es que te rindieras. En el momento en que te rindes y recaes en los antiguos temores es cuando dejas de alcanzarlo. Pero si sigues por el camino, tarde o temprano llegarás, y es así de simple.

Hasta aquí por hoy, queridos lectores, espero que de algún modo os sea de ayuda.

El ser distraído resultará ser mejor

Acabo de leer este artículo en Muy Interesante y me ha hecho entender algunas cosas, entre otras porque Einstein era tan despistado. Las personas distraídas tienen más materia gris, como demuestra el estudio. Cuanta más materia gris, más inteligencia y más te comportas como un niño, porque los niños tienen mucha materia gris en el cerebro. Y cuanta más materia gris, más facilidad para aprender y, si encima aprendes que si aprendes como un niño el cerebro crece, pues ya es la hostia.

Con todo esto, lo que me gustaría comentar es que si sabemos recuperar la actitud curiosa y alegre de nuestra infancia, mejoraremos en muchos aspectos y volveremos a tener una felicidad que puede hayamos perdido. Porque no se es más espontáneo y feliz que cuando se es niño y poder volver a este estado sin duda es maravilloso.