Reflexión#6

Cuanto más nos buscamos afuera, más nos perdemos por dentro

Esta semana, más tarde que de costumbre, venimos con otra reflexión. A veces llega un momento en la vida en que no sabes o no te acuerdas quién eres, qué quieres ni por dónde tienes que dirigirte. Estás perdido y además no tienes el estado de ánimo como para ponerte a pensar, es como si la mente se hubiera vuelto una mezcla saturada totalmente turbia. Y los días van pasando y sigues en esta enorme confusión. Y cuánto más tiempo pasa, peor.

Entonces queremos un cambio radical de lo que sea, algo rápido que nos haga sentir vivos de nuevo, algo que nos de energía explosiva y que nos despierte las neuronas que tan dormidas tenemos. Quizás eso incluye un cambio de lugar, un viaje muy largo, para no volver jamás, con la esperanza de encontrar lo que de verdad nos llene y nos haga sentir vivos para siempre. Quizás incluye moverse de pareja en pareja, de intereses en intereses, de trabajo en trabajo… y todo de forma rápida y precipitada.

Probar cosas nuevas está muy bien y además es esencial, pues lo rutinario puede acabar con el individuo. Pero las prisas y la exaltación que conlleva no son demasiado buenas que digamos. Las cosas hechas de manera rápida y llana, sin verdadera atención, dejan mucho que desear. Y entonces, después de tanta vorágine, te das cuenta de que sigues tan perdido como al principio. Y eso es, entre otras cosas, porque durante el camino no has hecho más que mirarlo todo por encima sin dedicarle la atención que necesitaba. Y ahí has dejado perder mucha alegría.

Y te vuelves a sentir perdido, repito, porque lo has probado todo, has ido a tropocientos lugares, te has acostado con infinidad de personas diferentes pero sin profundizar de verdad, lo has dejado todo tan rápido como lo has cogido… no has hecho más que buscar a la desesperada una respuesta a tu pregunta en todos los lugares menos en uno, el más importante: en ti mismo. Te has dejado llevar por una actitud desesperada y no has sabido prestar atención a lo que de verdad se esconde detrás de esa celeridad emocional. En vez de tanto pensar y querer actuar deprisa, es mejor saber acallar la mente, y escuchar el silencio interior. La respuesta a nuestro desasosiego está ahí dentro: si en vez de querer correr dando vueltas nos tomamos un poco de tiempo para escucharnos a nosotros mismos, sentiremos que es lo que de verdad necesitamos. En la tranquilidad es donde se encuentran las respuestas sensatas y de peso, las decisiones tomadas con prisas y a la ligera, normalmente, dejan mucho que desear.

Recordad, lectores, la paz está dentro de uno mismo, no fuera. 

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Acerca de trazadoresdelanada

pinceladas de fantasía

Publicado el 3 mayo, 2011 en Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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