El querer hacer siempre cosas y no hacer nunca nada

Se da el caso de que tengo una amiga. Hasta aquí, nada especial. Ésta amiga, pero, es de ese tipo de gente que siempre necesita de hacer cosas, y con cuanta más gente, mejor. No importa si la mitad de sus amigos no conoce a la otra mitad, o si una parte no soporta ver a la otra. Siempre hay que hacer lo que sea (cuanto más típico, mejor) porque estar solo no está hecho para estas personas. Supongo que al estar solas se aburren en extremo o se ponen tristes o vete a saber qué. Que conste que no es mi intención despreciar a mi amiga, pues la tengo en alta estima, tan sólo relato los hechos como son.

Resulta que estas últimas semanas, su afición de reunir a gente ha crecido considerablemente. Tal vez sea porque Semana Santa está a la vuelta de la esquina, o porque ha llegado ya la primavera. El caso es que lleva muchos días queriendo hacer algo y esta vez algo grande. Pero, como siempre ocurre, la mayor parte de los invitados se desdicen desde el principio, ahorrándose así el comprometerse y, por otra parte, nadie sabe qué hacer.

Se quiere hacer algo grande y emocionante, porque ya llegan las fiestas. Primero, a modo de preparación, mi amiga propuso de quedar los fines de semana para ir a cenar y luego a la discoteca. Pero, vaya tu qué cosas tiene la casualidad, que casi todo el mundo ya estaba comprometido con otras cenas más importantes, o resulta que se iban a pasar el fin de semana con la familia. Eso sí, para la próxima, podemos contar con ellos… Os podéis imaginar la desilusión de mi amiga y las ganas que se le deben estar acumulando de cara a Semana Santa.

Ahora que ya falta menos para la gran semana de fiesta, se están empezando a proponer otros planes. Alguien propuso de ir a un parque de atracciones y de pasar las noches en hotel. Pero claro, ahora, en estos tiempos de crisis, no está el bolsillo para estos gastos, así que idea descartada. Con esto también echamos a la papelera la idea de ir a la playa unos días, porque no hay para hoteles ni restaurantes. Como mucho nos podemos costear alguna comida y tal vez ir a pasar el día a la playa, o a algún sitio de montaña o quizás, a un parque de atracciones.

Así que mi pobre amiga está viendo sus planes destrozados. Otra vez. Por si fuera poco, yo seguramente me pase estas fiestas trabajando, por lo que no podré hacer lo que sea que acaben haciendo… Quizás esto también cause algo de pena a mi amiga, por que ya es otro menos que hará algo…

Lectores, sois libres de sentir lástima por mi pobre amiga, que sólo quiere divertirse con sus queridos amigos y hacer siempre cosas con ellos pero que, al final, no se reúnen ni la mitad de ellos y no se hace nunca nada.

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pinceladas de fantasía

Publicado el 8 abril, 2011 en Relatos y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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